Celebración de Adviento y Mercadillo de Navidad.

Tras haber recibido la luz en el verano, la conservamos y la acogimos en nuestro interior.  ¿Será que hemos permitido que nos caliente el corazón e ilumine nuestras cabezas? ¿Nos ha guiado en la oscuridad y el frío, en nuestra vida diaria?

Ha llegado el momento en que debemos estar presentes, abriéndonos en una actitud distinta para permitir que algo nuevo nazca. Tal como el niño que nace con apertura, creatividad y disposición.

En el silencio y la quietud, nuestra voz interior nos recuerda que hay algo mayor que nos une como humanidad. Una vez madurada y transformada la luz individual, puede salir al encuentro con el otro. Nuestras almas anhelan unirse con su luz para alumbrar el mundo.

Recordemos que todo en la naturaleza está dispuesto para que alcancemos nuestro devenir como humanidad. Solo con el nacimiento de nuestra voluntad, en amor y libertad, crearemos el camino hacia nuestro destino. 

“El Adviento es un tiempo de espera. Es un irse adentrando en uno mismo para encontrar la luz interior, la chispa espiritual que cada ser humano alberga dentro de sí, hasta llegar al nacimiento de Jesús que es un símbolo y representa el nacimiento de esa luz interior, el encuentro con la propia luz del Alma”.

 

 

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